lunes, 26 de diciembre de 2016

no puede ser, otra vez?

El día lunes temprano entré al pabellón. No sabía si esta vez podría luchar como en los cuatro años precedentes. Entrada la tarde y recuperado de la anestesia, vi que me acompañaban la Oly y dos de mis hijos, quienes me tomaban las manos intentando darme fuerzas. Me habían extirpado un tumor del porte de una mandarina grande. Debimos esperar diez días para saber el resultado y la terapia a seguir. Era el maldito linfoma de nuevo. De vuelta en la casa, caí en una profunda depresión. Pensaba en lo que me esperaba: nuevas quimios, nuevos malestares, y la verdad, es que no quiero pasar por lo mismo de nuevo. Me puse a pensar que mi vida estaba hecha, mis hijos formados y con sus vidas organizadas, mis nietos creciendo junto a sus padres. Sólo faltaba que naciera Clarita y a ella tenía que conocerla. En cuanto a Olivia, ella es la razón por la que he luchado todo este tiempo, pero tampoco es justo hacerla pasar malos momentos y por tan largo tiempo. ¿Valdrá la pena alargar la vida en base a tanto sufrimiento? ¿Y con qué nivel de calidad de vida? A lo mejor, soy un cobarde y sólo pensaba en mi bienestar. Comencé a recibir mails de mis alumnos, a los cuales sólo había alcanzado a hacerles una o dos clases. Me escribían que se habían “enganchado” con mis clases y querían que me cuidara para que pudiera volver.
Textos como:
“Profesor, lamento muchísimo el cambio de docente, espero que todo salga bien, mucho éxito y espero que todo en cuanto a su salud esté bien! Gracias por esa primera clase que nos dio, aunque fue solo una, fue buenísima, todos lamentamos que no pueda seguir con nosotros. Nuevamente mucho éxito en todo lo que venga.”
“Una lástima no poder tenerlo como profesor, puesto que en sólo una clase que tuvimos sabía que podía aprender mucho de usted. Espero de corazón que todo esté bien y que pronto pueda mejorarse! Espero poder tomar algún día una clase de usted. Muchos saludos y fuerza!”
“Junto con saludarlo, quería desearle mucho ánimo y fuerza en esta etapa de recuperación, espero que estos dos meses sean necesarios para que no vuelva a recaer en su enfermedad y pueda seguir adelante sin novedades, sé que tuve una clase con usted, pero quería mandarle mucha fuerza y todo el éxito para usted. Cuídese mucho!!!!!, y con respecto al curso, no se preocupe que todo saldrá bien, que se mejore rápido.”
¡Que podía decir después de recibir estos correos y tantos otros!
Durante un tiempo me quedé en Los Rulos, el campo de los Baeza, el cual quedaba a media hora de la clínica. Como anécdota, les cuento que ahí me pilló el terremoto del 27F. Todo se sacudía y yo no podía levantarme, porque además me dolía demasiado una pierna. Nuni, quien estaba allí ese fin de semana, me ayudó a salir de la habitación, mientras la Oli trataba de afirmar el televisor, que igual terminó en el piso. La Guille y Cuquita, llegaron de inmediato a ver cómo estaba. La verdad, es que era increíble cómo se preocupaban por mí. Gracias Guille, gracias Cuquita. Al día siguiente, tuve que volver a la clínica por un coágulo en la pierna y eso me significó una hospitalización de varios días.
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Con amigos rotarios
Amigos, aunque no lo crean, después de la operación del tumor en la pelvis (que resultó ser otra vez un Linfoma no Hodgkin) fui a mi primera quimioterapia. Le comenté al doctor que me dolía el bajo vientre: una ecografía mostró un tumor en la vejiga, que al extirparlo demostró ser un tumor específico del tejido vesical. Era agresivo, el cual debería controlarme cada tres meses. Para completar el cuadro, tenía lunares en la cabeza y verrugas en la oreja: la citología confirmó un carcinoma de piel. Pareciera como si mi cuerpo absorbiera cualquier cáncer que pase por mi lado. ¿Hasta cuándo seguiría generando tumores malignos?  ¿Qué querrá de mí la vida?, pensé. La única conclusión posible fue que algo me quedaba por hacer en esta vida. Nos miramos con Olivia y reímos. Nuevamente íbamos a vencerlo.
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Casa en Olmué en el fundo
Las dos semanas posteriores sabía que lo iba a pasar mal y que este proceso se iba a repetir hasta el mes de septiembre. El tumor de la vejiga volvió a aparecer. Se diría que me estoy acostumbrando. A esta altura del partido sólo Él sabe cuál será la próxima jugada. Lo mío es vivir y agradecer por cada día para seguir luchando, porque todos los días vuelve a amanecer.
Hoy me siento bien, aunque sigo con quimios mensuales de mantención, tanto para la vejiga, como para el linfoma.

Desgraciadamente nuevamente una mala jugada, otro tumor en la vejiga, pero ahora pegado a la próstata, había que sacarlo y también limpiar la próstata, que puedo decir, solo adelante, hasta cuando.  Son estos los mementos en que uno quiere estirar la esponja, decir basta, no quiero mas, no puedo m as, estoy agotado, pero miro mis nietos, me llaman mis alumnos, asi que no todavía no, asi amiga muerte, sigue tu camino aquí no hay lugar para ti.

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