El día lunes temprano entré al
pabellón. No sabía si esta vez podría luchar como en los cuatro años
precedentes. Entrada la tarde y recuperado de la anestesia, vi que me
acompañaban la Oly y dos de mis hijos, quienes me tomaban las manos intentando
darme fuerzas. Me habían extirpado un tumor del porte de una mandarina grande.
Debimos esperar diez días para saber el resultado y la terapia a seguir. Era el
maldito linfoma de nuevo. De vuelta en la casa, caí en una profunda depresión.
Pensaba en lo que me esperaba: nuevas quimios, nuevos malestares, y la verdad,
es que no quiero pasar por lo mismo de nuevo. Me puse a pensar que mi vida
estaba hecha, mis hijos formados y con sus vidas organizadas, mis nietos
creciendo junto a sus padres. Sólo faltaba que naciera Clarita y a ella tenía
que conocerla. En cuanto a Olivia, ella es la razón por la que he luchado todo
este tiempo, pero tampoco es justo hacerla pasar malos momentos y por tan largo
tiempo. ¿Valdrá la pena alargar la vida en base a tanto sufrimiento? ¿Y con qué
nivel de calidad de vida? A lo mejor, soy un cobarde y sólo pensaba en mi
bienestar. Comencé a recibir mails de mis alumnos, a los cuales sólo había
alcanzado a hacerles una o dos clases. Me escribían que se habían “enganchado”
con mis clases y querían que me cuidara para que pudiera volver.
Textos como:
“Profesor, lamento
muchísimo el cambio de docente, espero que todo salga bien, mucho éxito y
espero que todo en cuanto a su salud esté bien! Gracias por esa primera
clase que nos dio, aunque fue solo una, fue buenísima, todos lamentamos que no
pueda seguir con nosotros. Nuevamente mucho éxito en todo lo que venga.”
“Una lástima no poder
tenerlo como profesor, puesto que en sólo una clase que tuvimos sabía que podía
aprender mucho de usted. Espero de corazón que todo esté bien y que pronto
pueda mejorarse! Espero poder tomar algún día una clase de usted. Muchos saludos
y fuerza!”
“Junto con saludarlo, quería desearle
mucho ánimo y fuerza en esta etapa de recuperación, espero que estos dos meses
sean necesarios para que no vuelva a recaer en su enfermedad y pueda seguir
adelante sin novedades, sé que tuve una clase con usted, pero quería mandarle
mucha fuerza y todo el éxito para usted. Cuídese mucho!!!!!, y con respecto al
curso, no se preocupe que todo saldrá bien, que se mejore rápido.”
¡Que podía decir después de recibir
estos correos y tantos otros!
Durante un tiempo me quedé en Los
Rulos, el campo de los Baeza, el cual quedaba a media hora de la clínica. Como
anécdota, les cuento que ahí me pilló el terremoto del 27F. Todo se sacudía y
yo no podía levantarme, porque además me dolía demasiado una pierna. Nuni, quien
estaba allí ese fin de semana, me ayudó a salir de la habitación, mientras la
Oli trataba de afirmar el televisor, que igual terminó en el piso. La Guille y
Cuquita, llegaron de inmediato a ver cómo estaba. La verdad, es que era
increíble cómo se preocupaban por mí. Gracias Guille, gracias Cuquita. Al día
siguiente, tuve que volver a la clínica por un coágulo en la pierna y eso me
significó una hospitalización de varios días.

Con
amigos rotarios
Amigos, aunque no lo crean, después
de la operación del tumor en la pelvis (que resultó ser otra vez un Linfoma no
Hodgkin) fui a mi primera quimioterapia. Le comenté al doctor que me dolía el
bajo vientre: una ecografía mostró un tumor en la vejiga, que al extirparlo
demostró ser un tumor específico del tejido vesical. Era agresivo, el cual
debería controlarme cada tres meses. Para completar el cuadro, tenía lunares en
la cabeza y verrugas en la oreja: la citología confirmó un carcinoma de piel.
Pareciera como si mi cuerpo absorbiera cualquier cáncer que pase por mi lado.
¿Hasta cuándo seguiría generando tumores malignos? ¿Qué querrá de mí la vida?, pensé. La única
conclusión posible fue que algo me quedaba por hacer en esta vida. Nos miramos
con Olivia y reímos. Nuevamente íbamos a vencerlo.

Casa en
Olmué en el fundo
Las dos semanas posteriores sabía que
lo iba a pasar mal y que este proceso se iba a repetir hasta el mes de
septiembre. El tumor de la vejiga volvió a aparecer. Se diría que me estoy
acostumbrando. A esta altura del partido sólo Él sabe cuál será la próxima
jugada. Lo mío es vivir y agradecer por cada día para seguir luchando, porque
todos los días vuelve a amanecer.
Hoy me siento bien, aunque sigo con
quimios mensuales de mantención, tanto para la vejiga, como para el linfoma.
Desgraciadamente nuevamente una mala
jugada, otro tumor en la vejiga, pero ahora pegado a la próstata, había que
sacarlo y también limpiar la próstata, que puedo decir, solo adelante, hasta
cuando. Son estos los mementos en que uno
quiere estirar la esponja, decir basta, no quiero mas, no puedo m as, estoy
agotado, pero miro mis nietos, me llaman mis alumnos, asi que no todavía no,
asi amiga muerte, sigue tu camino aquí no hay lugar para ti.
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