jueves, 22 de diciembre de 2016

Hubo un costo físico con la quimioterapia (qué duda cabe), pero también un costo económico altísimo. ¿Cómo seguir adelante?Descripción: Macintosh HD:Users:chinito:Desktop:Captura de pantalla 2016-12-03 a las 10.57.19.png
De repente, se me encendió la ampolleta y recordé el seguro de la Clínica Las Condes que tomé por insistencia de una hermosa mujer hace un par de años en la UTFSM. Olivia lo revisó y vimos que, al parecer cubría el tratamiento en dicha clínica. Hablé con el doctor Ochetaux, quien me derivó al doctor Jorge Gutiérrez, un ángel caído del cielo. Después de una minuciosa evaluación, sugirió hacer un trasplante de médula. Pasaron seis semanas interminables en las que estuve sin moverme de la cama en la casa de Olmué. Quería morir en mi terruño.
Conversé con José Luis, un amigo que tenía una leucemia muy complicada y se trataba en una clínica especializada en Estados Unidos. Le aplicaban un tratamiento experimental, pero mejora y parecía mejorar. En uno de sus controles, le pedí que llevara mis exámenes para una segunda opinión. Al regresar, me comunicó que me recomendaban no hacer nada, ya que mi cáncer estaba muy avanzado y el trasplante a mi edad era de altísimo riesgo. Me deprimí, pero una visita de mi estimado psiquiatra doctor Roysblar, me ayudó a encontrar el camino de la aceptación y la esperanza. Lo conversé con Olivia y el doctor, y les manifesté que no tenía nada que perder: me muero en el transplante o me muero dentro de unos meses, pero si el tratamiento funciona, tengo una posibilidad de seguir viviendo por más tiempo. El doctor Gutiérrez me emocionó cuando dijo: “Jorge, te voy a sanar”.
Comenzamos la preparación del trasplante de médula que sería autólogo, ya que a mi edad no había otra alternativa. Estuve en aislamiento total. Se evaluó el mejor momento para extraerme las células madre, liofilizarlas y guardarlas. Necesitaban sacarme un mínimo de 3 millones de células y yo me preguntaba si eso sería posible. Una vez más mi ángel de la guarda me protegió y se pudo obtener la cantidad deseada.

Previo al trasplante, una quimio fuertísima me provocó náuseas y vómitos intensos. Me sentía muy mal y no quería ver a nadie, ni a la Olivia. Por momentos, quería irme lejos y no recibir más tratamiento. Viví una crisis intensa. Pero aguanté y llegó el día. La transfusión demoró 48 horas. Me generaba un calor insoportable y debían detenerse durante unos minutos antes de seguir. Me esperaban otros quince días de aislamiento, hasta ver si las células madre funcionaban. Días para encomendarme y esperar lo que Él y la Mater quisieran para mí. Habían pasado sólo nueve días y el médico tratante, me dice que he tenido una evolución extraordinaria y puedo ser trasladado a mi pieza. La médula estaba funcionando bien. Le agradecí a él, y también a la Mater por esta nueva oportunidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario