Mi propia
historia, como he logrado sobrevivir a varios cáncer, transplante y dos veces
deshauciado.
Pasamos unos días del mes de Febrero
2008 en Osorno con mi hijo Pepe. Fueron días felices, de descanso y muchos
asados, los cuales me hicieron ganar algunos kilos. A pesar de esto, me sentía
cansado (lo que era evidente para los que me rodeaban). Mi nuera me alentaba a
salir con los niños y la verdad es que le hacía el quite a la propuesta, porque
no me sentía con ánimo.
Después de Osorno nos fuimos unos
días a Panguipulli donde Mauricio. Si bien, nuevamente los asados fueron la
tónica, salíamos bastante a caminar. En una de las salidas me cansé tanto que
no podía seguir. Olivia lo atribuía a que había subido de peso con tanta comida
y me advertía que debería hacer dieta al terminar las vacaciones.

Con los Beckdorf en Panguipulli, justo antes de la
detección del cáncer
Como entraba a trabajar a la
Universidad Adolfo Ibáñez en el mes de marzo, decidí hacerme un chequeo médico (en especial de la
próstata), y así podría quedarme tranquilo respecto de mi estado de salud. La
doctora que me hizo la ecografía vio que el bazo estaba inflamado y también
algunos ganglios, por lo que me recomendó pedir hora con un gastroenterólogo.
Fui a la Clínica UC San Carlos de Apoquindo donde luego de una conversación con
el especialista y el posterior examen físico, escuché por primera vez que
podría tener cáncer. Un escáner y la revisión por parte del médico jefe de
Oncología de la clínica, confirmaron las sospechas. El doctor Ochetaux me
confirmó el carácter maligno de la enfermedad y le puso nombre: Linfoma no
Hodgkin de células de manto, en etapa IV. Era necesario realizar más exámenes e
iniciar de inmediato la quimioterapia. Acordamos que me haría el tratamiento en
la Clínica UC Central. No preguntamos nada más, y con la Olivia nos fuimos a un
Starbucks donde tomamos alrededor de diez vasos de café y nos fumamos dos
cajetillas de puchos. Nos mirábamos sin creer lo que estaba sucediendo. No
sentía nada, salvo ese cansancio, que según Olivia, era debido a la gordura
consecuencia del exceso de comida. Y cómo quería que sólo fuera por eso.
Que se piensa en esos instantes, te
quedas paralizado, no sabes que pensar, no es cierto, yo jamas tendría un
cáncer, no me duele nada, estarán equivocados? Y sifuera cierto?, pensemos
bien, mañana veremos que pasa, pero de relajarme nada.
Me hospitalizaron y me atendió el
mismo médico que pidió una biopsia de médula y me hizo instalar un catéter
venoso para hacerme la quimioterapia. Se iniciaba el calvario y debía
transitarlo obediente de las instrucciones médicas y asumiendo que todo saldría
bien. Me instalaron el catéter y todo anduvo bien, hasta que el doctor Ochetaux
me informó que había compromiso de la médula y pidió hablar con mi señora y mis
hijos. ¿Qué piensa uno cuando le dicen eso? Me llegó el turno y ni cagando soy
capaz de asumirlo.
Medio dormido, aún escucho al doctor
que hablaba con Olivia y tres de mis hijos. El cuarto estaba al teléfono desde
Arica. Palabras como: “Es grado IV”; “es malo, de mal pronóstico, pero haremos
lo posible”; “Veremos cómo reacciona con la quimioterapia y desde ahí
decidiremos el camino a seguir”; “No hay un buen diagnóstico”. Los vi salir a
todos de la habitación, y pocos minutos después entró un sacerdote, el curita
amigo de la Trini (mi hermana). Entra a darme la unción de los enfermos (¿ya no
le dicen extremaunción para no asustar al enfermo?). La recibí con fe y ganas y
me quedé dormido. Empezaba una lucha, que estoy seguro ganaremos.
Yo siempre he sido positivo, aunque
ahora veía que el mundo se venia abajo, medite mucho sobre lo que había sido mi
vida hasta este dia, la verdad le debía mucho a la vida, nopodia reaccionar en
contra, tenia que aceptar, pero también luchar, y me propuse que no me iba a
ganar la enfermedad, que teníamos que luchar.
Amanecí al día siguiente esperando
ver de qué se trataba la quimioterapia. No sabía qué actitud debía tener para
enfrentar el cáncer y ganar la batalla. Pues bien, aceptarlo es lo primero,
pero, ¿cómo acepta uno que está a pasos de la muerte? ¿Qué es la muerte?
¿Existe el paraíso? Tantas preguntas de toda índole. Y, ¿dónde está la verdad?
Pensaba en mi familia. Mis hijos son todos grandes, están casados, son
profesionales. Tengo hermosos nietos, todos sanos. Pienso en Olivia, que no
leyó la letra chica cuando aceptó que rehiciéramos nuestras vidas juntos. Pienso
en todo lo que la vida me ha dado. La vida que nada me debe, la vida a la cual
le debo todo. ¿Cómo le pago? Tras un largo rato de reflexión, decidí que tenía
que luchar para sobrevivir a esto y entregar mi vida a lo que el Señor me tiene
planificado. Tengo tanto que transmitir en experiencias, en verdades de vida,
en aquello que es importante. Tengo que luchar, tengo que salir adelante.
Decidí aceptar el desafío que la vida me acababa de dar. Me tocó una enfermedad
grave, y debía aceptarla. Buscar la forma de luchar contra ella. Motivado. Con
esperanza y mucha fe.
La primera fue un cóctel de
medicamentos: antihistamínicos para evitar alergias, corticoides para cuidar el
riñón y otros órganos, y Vincristina, el veneno para matar las células
cancerosas. Seis horas de procedimiento. Dos días de hospitalización y el alta
hasta repetir la cura en un plazo de ocho días.
Comencé a leer sobre el linfoma. Qué
órganos ataca, cuál es la sobrevida, cómo evoluciona. No había muy buenos
augurios: sólo un 25% de posibilidades de vencerlo. Me pregunté una y otra vez:
¿cómo haber tenido esto dentro de mi cuerpo y no tener síntomas, no tener
dolor? Qué enfermedad más cínica y malévola. Si no me hubiera chequeado, no
habría sabido nada, hasta que ya no hubiera posibilidad alguna de tratamiento.
Una bendición haberla encontrado a tiempo, porque aunque avanzada, aún podía
tener esperanzas.
Pero, ¿qué se hace con la vida? ¿Con
los compromisos profesionales? ¿Con esas oportunidades que tanto había buscado
y estaban a punto de hacerse realidad? Ya vendrían días mejores, ya aparecerían
nuevas oportunidades. Por el momento, lo único importante era concentrarse en
la mejoría armado de constancia y esperanza.
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