jueves, 22 de diciembre de 2016

comenzamos la lucha contra el cancer

Mi propia historia, como he logrado sobrevivir a varios cáncer, transplante y dos veces deshauciado.


Pasamos unos días del mes de Febrero 2008 en Osorno con mi hijo Pepe. Fueron días felices, de descanso y muchos asados, los cuales me hicieron ganar algunos kilos. A pesar de esto, me sentía cansado (lo que era evidente para los que me rodeaban). Mi nuera me alentaba a salir con los niños y la verdad es que le hacía el quite a la propuesta, porque no me sentía con ánimo.
Después de Osorno nos fuimos unos días a Panguipulli donde Mauricio. Si bien, nuevamente los asados fueron la tónica, salíamos bastante a caminar. En una de las salidas me cansé tanto que no podía seguir. Olivia lo atribuía a que había subido de peso con tanta comida y me advertía que debería hacer dieta al terminar las vacaciones.
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Con los Beckdorf en Panguipulli, justo antes de la detección del cáncer
Como entraba a trabajar a la Universidad Adolfo Ibáñez en el mes de marzo, decidí  hacerme un chequeo médico (en especial de la próstata), y así podría quedarme tranquilo respecto de mi estado de salud. La doctora que me hizo la ecografía vio que el bazo estaba inflamado y también algunos ganglios, por lo que me recomendó pedir hora con un gastroenterólogo. Fui a la Clínica UC San Carlos de Apoquindo donde luego de una conversación con el especialista y el posterior examen físico, escuché por primera vez que podría tener cáncer. Un escáner y la revisión por parte del médico jefe de Oncología de la clínica, confirmaron las sospechas. El doctor Ochetaux me confirmó el carácter maligno de la enfermedad y le puso nombre: Linfoma no Hodgkin de células de manto, en etapa IV. Era necesario realizar más exámenes e iniciar de inmediato la quimioterapia. Acordamos que me haría el tratamiento en la Clínica UC Central. No preguntamos nada más, y con la Olivia nos fuimos a un Starbucks donde tomamos alrededor de diez vasos de café y nos fumamos dos cajetillas de puchos. Nos mirábamos sin creer lo que estaba sucediendo. No sentía nada, salvo ese cansancio, que según Olivia, era debido a la gordura consecuencia del exceso de comida. Y cómo quería que sólo fuera por eso.
Que se piensa en esos instantes, te quedas paralizado, no sabes que pensar, no es cierto, yo jamas tendría un cáncer, no me duele nada, estarán equivocados? Y sifuera cierto?, pensemos bien, mañana veremos que pasa, pero de relajarme nada.
Me hospitalizaron y me atendió el mismo médico que pidió una biopsia de médula y me hizo instalar un catéter venoso para hacerme la quimioterapia. Se iniciaba el calvario y debía transitarlo obediente de las instrucciones médicas y asumiendo que todo saldría bien. Me instalaron el catéter y todo anduvo bien, hasta que el doctor Ochetaux me informó que había compromiso de la médula y pidió hablar con mi señora y mis hijos. ¿Qué piensa uno cuando le dicen eso? Me llegó el turno y ni cagando soy capaz de asumirlo.
Medio dormido, aún escucho al doctor que hablaba con Olivia y tres de mis hijos. El cuarto estaba al teléfono desde Arica. Palabras como: “Es grado IV”; “es malo, de mal pronóstico, pero haremos lo posible”; “Veremos cómo reacciona con la quimioterapia y desde ahí decidiremos el camino a seguir”; “No hay un buen diagnóstico”. Los vi salir a todos de la habitación, y pocos minutos después entró un sacerdote, el curita amigo de la Trini (mi hermana). Entra a darme la unción de los enfermos (¿ya no le dicen extremaunción para no asustar al enfermo?). La recibí con fe y ganas y me quedé dormido. Empezaba una lucha, que estoy seguro ganaremos.
Yo siempre he sido positivo, aunque ahora veía que el mundo se venia abajo, medite mucho sobre lo que había sido mi vida hasta este dia, la verdad le debía mucho a la vida, nopodia reaccionar en contra, tenia que aceptar, pero también luchar, y me propuse que no me iba a ganar la enfermedad, que teníamos que luchar.
Amanecí al día siguiente esperando ver de qué se trataba la quimioterapia. No sabía qué actitud debía tener para enfrentar el cáncer y ganar la batalla. Pues bien, aceptarlo es lo primero, pero, ¿cómo acepta uno que está a pasos de la muerte? ¿Qué es la muerte? ¿Existe el paraíso? Tantas preguntas de toda índole. Y, ¿dónde está la verdad? Pensaba en mi familia. Mis hijos son todos grandes, están casados, son profesionales. Tengo hermosos nietos, todos sanos. Pienso en Olivia, que no leyó la letra chica cuando aceptó que rehiciéramos nuestras vidas juntos. Pienso en todo lo que la vida me ha dado. La vida que nada me debe, la vida a la cual le debo todo. ¿Cómo le pago? Tras un largo rato de reflexión, decidí que tenía que luchar para sobrevivir a esto y entregar mi vida a lo que el Señor me tiene planificado. Tengo tanto que transmitir en experiencias, en verdades de vida, en aquello que es importante. Tengo que luchar, tengo que salir adelante. Decidí aceptar el desafío que la vida me acababa de dar. Me tocó una enfermedad grave, y debía aceptarla. Buscar la forma de luchar contra ella. Motivado. Con esperanza y mucha fe.
La primera fue un cóctel de medicamentos: antihistamínicos para evitar alergias, corticoides para cuidar el riñón y otros órganos, y Vincristina, el veneno para matar las células cancerosas. Seis horas de procedimiento. Dos días de hospitalización y el alta hasta repetir la cura en un plazo de ocho días.
Comencé a leer sobre el linfoma. Qué órganos ataca, cuál es la sobrevida, cómo evoluciona. No había muy buenos augurios: sólo un 25% de posibilidades de vencerlo. Me pregunté una y otra vez: ¿cómo haber tenido esto dentro de mi cuerpo y no tener síntomas, no tener dolor? Qué enfermedad más cínica y malévola. Si no me hubiera chequeado, no habría sabido nada, hasta que ya no hubiera posibilidad alguna de tratamiento. Una bendición haberla encontrado a tiempo, porque aunque avanzada, aún podía tener esperanzas.

Pero, ¿qué se hace con la vida? ¿Con los compromisos profesionales? ¿Con esas oportunidades que tanto había buscado y estaban a punto de hacerse realidad? Ya vendrían días mejores, ya aparecerían nuevas oportunidades. Por el momento, lo único importante era concentrarse en la mejoría armado de constancia y esperanza.

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