miércoles, 28 de diciembre de 2016

como cambiar de actitud y vencer obstaculos como el cancer

ALGUNAS REFLEXIONES PARA MOTIVAR EL CAMBIO DE ACTITUD ANTE LA VIDA:

Tu también puedes crear un nuevo amanecer en tu vida, cambiar tu realidad y desarrollar un futuro en el cual concretar ese sueño no cumplido. Lucha con una actitud positiva y verás la luz que se enciende y te indica el camino a seguir.
Después de cada noche vuelve a amanecer y el sol te llena de energía; aprovéchala y comienzo una nueva etapa con una actitud positiva. Repítete una y otra vez: triunfaré cueste lo que cueste.

La vida nos enseña que no hay empresa difícil, pero si hay caminos malos y duros  que con fe y ganas se pueden transitar. Pon 4 wd y avanza. El pasado ya no está y el futuro está aun por venir; aprovecha el dia de hoy y disfrútalo al máximo.

Cada nuevo día tómalo como un regalo que Dios te ha dado y no lo desperdicies. Cada día es una oportunidad de aprender algo nuevo, tal vez  de alguien que ni siquiera imaginas.  Escucha, observa y sácale provecho a la vida. Todos podemos elegir la vida que queremos vivir y  la manera en que afrontemos las dificultades dependerá de nuestra inteligencia emocional.  Es importante mantener siempre una actitud positiva ya que así todos los problemas parecerán menores y el mundo que nos rodea nos volverá a sonreir, seremos más felices y tendremos más energía y fuerza interior; encontraremos un sentido a nuestra vida y podremos conseguir lo que deseamos.  Lo fundamental es creer en nosotros mismos.

Si te dejas abrumar por el pasado y por los pensamientos negativos te deprimirás y no podrás levantarte ni enterarte de  lo bueno que te trae la vida y el por qué eres puesto  a prueba. Mira en tu interior y busca la causa de ese negativismo que no te permite seguir adelante. No te desanimes si algo no te resulta; considéralo un aprendizaje, se perseverante y sigue adelante. Todo pasa por algo.

Mira bien lo que te ha entregado la vida, da gracias por lo bueno que has vivido, evalúa lo que tienes y verás que es mucho lo que has conseguido.  Lucha por obtener lo que te falta y considera que la vida siempre te da oportunidades que debes aprovechar, reflexiona, recapacita y dale cuerda a tu vida. 

Aligera tu carga de emociones, dale rienda suelta a lo que te acongoja, llega hasta el fondo, sumérgete en la pena y sal adelante. Nunca evites el sufrimiento. Sube desde el fondo: cada peldaño que asciendas te alivianará la carga. Piensa siempre que nada es eterno y siempre hay una nueva oportunidad.


Fíjate objetivos y establece metas de corto plazo: hasta donde quieres llegar, que quieres ser para ser feliz. Recorre el camino paso a paso y podrás lograrlo. Haz que tus metas sean alcanzables, evalúa lo que tienes y mejóralo, no desees lo que los otros tienen sino lo puedes alcanzar.  A nuestro alrededor, dia a dia, vemos pasar la amargura, la depresión, las malas noticias, circunstancias dolorosas, negativismo, pero siempre pasa algo que nos recuerda que no todo es malo y que depende de nosotros crear la realidad que queremos vivir.

lunes, 26 de diciembre de 2016

no puede ser, otra vez?

El día lunes temprano entré al pabellón. No sabía si esta vez podría luchar como en los cuatro años precedentes. Entrada la tarde y recuperado de la anestesia, vi que me acompañaban la Oly y dos de mis hijos, quienes me tomaban las manos intentando darme fuerzas. Me habían extirpado un tumor del porte de una mandarina grande. Debimos esperar diez días para saber el resultado y la terapia a seguir. Era el maldito linfoma de nuevo. De vuelta en la casa, caí en una profunda depresión. Pensaba en lo que me esperaba: nuevas quimios, nuevos malestares, y la verdad, es que no quiero pasar por lo mismo de nuevo. Me puse a pensar que mi vida estaba hecha, mis hijos formados y con sus vidas organizadas, mis nietos creciendo junto a sus padres. Sólo faltaba que naciera Clarita y a ella tenía que conocerla. En cuanto a Olivia, ella es la razón por la que he luchado todo este tiempo, pero tampoco es justo hacerla pasar malos momentos y por tan largo tiempo. ¿Valdrá la pena alargar la vida en base a tanto sufrimiento? ¿Y con qué nivel de calidad de vida? A lo mejor, soy un cobarde y sólo pensaba en mi bienestar. Comencé a recibir mails de mis alumnos, a los cuales sólo había alcanzado a hacerles una o dos clases. Me escribían que se habían “enganchado” con mis clases y querían que me cuidara para que pudiera volver.
Textos como:
“Profesor, lamento muchísimo el cambio de docente, espero que todo salga bien, mucho éxito y espero que todo en cuanto a su salud esté bien! Gracias por esa primera clase que nos dio, aunque fue solo una, fue buenísima, todos lamentamos que no pueda seguir con nosotros. Nuevamente mucho éxito en todo lo que venga.”
“Una lástima no poder tenerlo como profesor, puesto que en sólo una clase que tuvimos sabía que podía aprender mucho de usted. Espero de corazón que todo esté bien y que pronto pueda mejorarse! Espero poder tomar algún día una clase de usted. Muchos saludos y fuerza!”
“Junto con saludarlo, quería desearle mucho ánimo y fuerza en esta etapa de recuperación, espero que estos dos meses sean necesarios para que no vuelva a recaer en su enfermedad y pueda seguir adelante sin novedades, sé que tuve una clase con usted, pero quería mandarle mucha fuerza y todo el éxito para usted. Cuídese mucho!!!!!, y con respecto al curso, no se preocupe que todo saldrá bien, que se mejore rápido.”
¡Que podía decir después de recibir estos correos y tantos otros!
Durante un tiempo me quedé en Los Rulos, el campo de los Baeza, el cual quedaba a media hora de la clínica. Como anécdota, les cuento que ahí me pilló el terremoto del 27F. Todo se sacudía y yo no podía levantarme, porque además me dolía demasiado una pierna. Nuni, quien estaba allí ese fin de semana, me ayudó a salir de la habitación, mientras la Oli trataba de afirmar el televisor, que igual terminó en el piso. La Guille y Cuquita, llegaron de inmediato a ver cómo estaba. La verdad, es que era increíble cómo se preocupaban por mí. Gracias Guille, gracias Cuquita. Al día siguiente, tuve que volver a la clínica por un coágulo en la pierna y eso me significó una hospitalización de varios días.
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Con amigos rotarios
Amigos, aunque no lo crean, después de la operación del tumor en la pelvis (que resultó ser otra vez un Linfoma no Hodgkin) fui a mi primera quimioterapia. Le comenté al doctor que me dolía el bajo vientre: una ecografía mostró un tumor en la vejiga, que al extirparlo demostró ser un tumor específico del tejido vesical. Era agresivo, el cual debería controlarme cada tres meses. Para completar el cuadro, tenía lunares en la cabeza y verrugas en la oreja: la citología confirmó un carcinoma de piel. Pareciera como si mi cuerpo absorbiera cualquier cáncer que pase por mi lado. ¿Hasta cuándo seguiría generando tumores malignos?  ¿Qué querrá de mí la vida?, pensé. La única conclusión posible fue que algo me quedaba por hacer en esta vida. Nos miramos con Olivia y reímos. Nuevamente íbamos a vencerlo.
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Casa en Olmué en el fundo
Las dos semanas posteriores sabía que lo iba a pasar mal y que este proceso se iba a repetir hasta el mes de septiembre. El tumor de la vejiga volvió a aparecer. Se diría que me estoy acostumbrando. A esta altura del partido sólo Él sabe cuál será la próxima jugada. Lo mío es vivir y agradecer por cada día para seguir luchando, porque todos los días vuelve a amanecer.
Hoy me siento bien, aunque sigo con quimios mensuales de mantención, tanto para la vejiga, como para el linfoma.

Desgraciadamente nuevamente una mala jugada, otro tumor en la vejiga, pero ahora pegado a la próstata, había que sacarlo y también limpiar la próstata, que puedo decir, solo adelante, hasta cuando.  Son estos los mementos en que uno quiere estirar la esponja, decir basta, no quiero mas, no puedo m as, estoy agotado, pero miro mis nietos, me llaman mis alumnos, asi que no todavía no, asi amiga muerte, sigue tu camino aquí no hay lugar para ti.

sábado, 24 de diciembre de 2016

aun no terminamos la lucha, pero seguimos adelante

Descripción: Macintosh HD:Users:chinito:Desktop:fotos libro:casa olmue 3.jpgLuego del alta, me fui a Olmué. Mis energías eran escasas y cualquier esfuerzo me agotaba, pero estaba decidido a salir adelante. Uno de los mayores estímulos fueron las visitas que recibí en esos días. Primero, mis antiguos trabajadores y los presidentes de sindicatos. Iban a despedirse y a agradecerme lo aprendido en “mi escuela”, porque sentían que les iba a servir en el futuro. Luego, mis ex compañeros de colegio de la generación del 62. Eran treinta y cinco, con sus esposas y parejas. Con algunos ni siquiera nos reconocimos después de tantos años. ¡Qué bien lo pasamos recordando los paseos al fundo y las atenciones de mi mamá! Entre las anécdotas que salieron a la luz, no faltó el que nos recordara que esos recuerdos debían mantenerse en secreto.

casa de olmue, ojos buenos
No podía faltar la visita de mis amigos rotarios con quienes se armó una reunión alrededor de pizzas y buen vino que generaron un ambiente de conversación que se prolongó por horas. Qué más podía desear, si a lo anterior se sumaba que cada semana me visitaban familiares y los amigos más cercanos. Fantaseaba que vivía mi funeral en vida. Cuánto cariño, cuánta preocupación. Una sensación gratificante de no haber pasado en vano por este mundo. Mis ex alumnos también estuvieron presentes a través de correos electrónicos llenos de afecto y buenos deseos. Me sentí agradecido de haber podido entregar mi experiencia y visión de la vida a tantos. Era un nuevo regalo que la vida me entregaba.
Nos quedamos en Olmué durante casi tres años, en los cuales no hice docencia. Fue duro para Olivia, ya que permanecía encerrada en el fundo y lejos de su familia. Pero ella sabía enfrentar la situación. Le prometí que apenas me mejorara, nos íbamos a vivir a Viña. Al cabo de un año volví a sentir molestias. Tenía un dolor en el costado derecho. Las molestias siguieron y como mi médico tratante estaba de viaje, acudí a un especialista en inmunoterapia. Me examinó y me dejó hospitalizado para hacerme una colonoscopía urgente. Había un tumor en el colon y debía operarme de inmediato. Me despedí de la Olivia sin saber si la volvería a ver. Mis últimas palabras para ella fueron: “si abro los ojos es que estoy bien, sino, acuérdate siempre que te amo mucho”. Al despertar me esperaba una sorpresa: me había fallado el corazón y tenía un marcapasos ambulatorio que debía cambiar por uno permanente. Afortunadamente habían extirpado el tumor por vía laparoscópica y no había habido necesidad de dejar una colostomía. Para sorpresa del doctor, me recuperé muy rápido. ¡No sé de qué estoy hecho que logro aguantar tanto!
Nos fuimos a Viña. Arrendamos un departamento pequeño, mientras vendía la casa del fundo de la que nadie en la familia quiso hacerse cargo. Con el producto de la venta, compré un departamento grande, precioso, en el cual vivimos hasta el día de hoy.
Como me sentía bien, comencé a trabajar en el DUOC. Primero dos cursos semestrales. Luego, cuatro. Y un año después, casi media jornada de clases. Me sentía bien y mantenía una muy buena relación con los alumnos. Definitivamente la Mater me había ayudado para que transmitiera experiencia y valores que ayudaran a las generaciones más jóvenes que tanto lo necesitan. En febrero del año 2015 preparaba clases con agenda completa. Después de tantos años esperaba volver a mi vida normal. Sentía que lo había logrado y podía entregar esas experiencias de vida como ser humano y como empresario, con mis éxitos y fracasos (para mostrar a otros cómo la vida me ha enseñado y me ha ayudado a cambiar). Once cursos de cinco carreras diferentes, cuatrocientos alumnos a quienes transmitirles mi conocimiento. Llevaba dos semanas de clases y me tocaba el control médico semestral (el último antes del alta). Me sentía bien y lleno de energía. Al entrar a la consulta y ver la cara del doctor, supe que algo no andaba bien. Siempre después del examen físico y de las pruebas de laboratorio, me decía: “vístete, vamos súper bien”. Esta vez el “vístase” a secas me indicó que algo malo pasaba.
Me senté frente al doctor, junto a Olivia. Nos miró y dijo: “en el escáner aparece un tumor en la pelvis y ganglios y bazo inflamados. Ya conversé con el cirujano y te está esperando para programar la cirugía y biopsiar. Creo que es linfoma nuevamente en la pelvis, pero hay que confirmar”.

Como se dice en el campo: fui por lana y salí trasquilado. Salimos con Olivia sin decir nada. Había sido un golpe bajo y las esperanzas comenzaron a flaquear. Se decidió operar de inmediato.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Hubo un costo físico con la quimioterapia (qué duda cabe), pero también un costo económico altísimo. ¿Cómo seguir adelante?Descripción: Macintosh HD:Users:chinito:Desktop:Captura de pantalla 2016-12-03 a las 10.57.19.png
De repente, se me encendió la ampolleta y recordé el seguro de la Clínica Las Condes que tomé por insistencia de una hermosa mujer hace un par de años en la UTFSM. Olivia lo revisó y vimos que, al parecer cubría el tratamiento en dicha clínica. Hablé con el doctor Ochetaux, quien me derivó al doctor Jorge Gutiérrez, un ángel caído del cielo. Después de una minuciosa evaluación, sugirió hacer un trasplante de médula. Pasaron seis semanas interminables en las que estuve sin moverme de la cama en la casa de Olmué. Quería morir en mi terruño.
Conversé con José Luis, un amigo que tenía una leucemia muy complicada y se trataba en una clínica especializada en Estados Unidos. Le aplicaban un tratamiento experimental, pero mejora y parecía mejorar. En uno de sus controles, le pedí que llevara mis exámenes para una segunda opinión. Al regresar, me comunicó que me recomendaban no hacer nada, ya que mi cáncer estaba muy avanzado y el trasplante a mi edad era de altísimo riesgo. Me deprimí, pero una visita de mi estimado psiquiatra doctor Roysblar, me ayudó a encontrar el camino de la aceptación y la esperanza. Lo conversé con Olivia y el doctor, y les manifesté que no tenía nada que perder: me muero en el transplante o me muero dentro de unos meses, pero si el tratamiento funciona, tengo una posibilidad de seguir viviendo por más tiempo. El doctor Gutiérrez me emocionó cuando dijo: “Jorge, te voy a sanar”.
Comenzamos la preparación del trasplante de médula que sería autólogo, ya que a mi edad no había otra alternativa. Estuve en aislamiento total. Se evaluó el mejor momento para extraerme las células madre, liofilizarlas y guardarlas. Necesitaban sacarme un mínimo de 3 millones de células y yo me preguntaba si eso sería posible. Una vez más mi ángel de la guarda me protegió y se pudo obtener la cantidad deseada.

Previo al trasplante, una quimio fuertísima me provocó náuseas y vómitos intensos. Me sentía muy mal y no quería ver a nadie, ni a la Olivia. Por momentos, quería irme lejos y no recibir más tratamiento. Viví una crisis intensa. Pero aguanté y llegó el día. La transfusión demoró 48 horas. Me generaba un calor insoportable y debían detenerse durante unos minutos antes de seguir. Me esperaban otros quince días de aislamiento, hasta ver si las células madre funcionaban. Días para encomendarme y esperar lo que Él y la Mater quisieran para mí. Habían pasado sólo nueve días y el médico tratante, me dice que he tenido una evolución extraordinaria y puedo ser trasladado a mi pieza. La médula estaba funcionando bien. Le agradecí a él, y también a la Mater por esta nueva oportunidad.