Luego del alta, me fui a Olmué. Mis
energías eran escasas y cualquier esfuerzo me agotaba, pero estaba decidido a
salir adelante. Uno de los mayores estímulos fueron las visitas que recibí en
esos días. Primero, mis antiguos trabajadores y los presidentes de sindicatos.
Iban a despedirse y a agradecerme lo aprendido en “mi escuela”, porque sentían
que les iba a servir en el futuro. Luego, mis ex compañeros de colegio de la
generación del 62. Eran treinta y cinco, con sus esposas y parejas. Con algunos
ni siquiera nos reconocimos después de tantos años. ¡Qué bien lo pasamos
recordando los paseos al fundo y las atenciones de mi mamá! Entre las anécdotas
que salieron a la luz, no faltó el que nos recordara que esos recuerdos debían
mantenerse en secreto.
casa
de olmue, ojos buenos
No podía faltar la visita de mis
amigos rotarios con quienes se armó una reunión alrededor de pizzas y buen vino
que generaron un ambiente de conversación que se prolongó por horas. Qué más
podía desear, si a lo anterior se sumaba que cada semana me visitaban
familiares y los amigos más cercanos. Fantaseaba que vivía mi funeral en vida.
Cuánto cariño, cuánta preocupación. Una sensación gratificante de no haber
pasado en vano por este mundo. Mis ex alumnos también estuvieron presentes a
través de correos electrónicos llenos de afecto y buenos deseos. Me sentí
agradecido de haber podido entregar mi experiencia y visión de la vida a
tantos. Era un nuevo regalo que la vida me entregaba.
Nos quedamos en Olmué durante casi
tres años, en los cuales no hice docencia. Fue duro para Olivia, ya que
permanecía encerrada en el fundo y lejos de su familia. Pero ella sabía
enfrentar la situación. Le prometí que apenas me mejorara, nos íbamos a vivir a
Viña. Al cabo de un año volví a sentir molestias. Tenía un dolor en el costado
derecho. Las molestias siguieron y como mi médico tratante estaba de viaje,
acudí a un especialista en inmunoterapia. Me examinó y me dejó hospitalizado
para hacerme una colonoscopía urgente. Había un tumor en el colon y debía
operarme de inmediato. Me despedí de la Olivia sin saber si la volvería a ver.
Mis últimas palabras para ella fueron: “si abro los ojos es que estoy bien,
sino, acuérdate siempre que te amo mucho”. Al despertar me esperaba una
sorpresa: me había fallado el corazón y tenía un marcapasos ambulatorio que
debía cambiar por uno permanente. Afortunadamente habían extirpado el tumor por
vía laparoscópica y no había habido necesidad de dejar una colostomía. Para
sorpresa del doctor, me recuperé muy rápido. ¡No sé de qué estoy hecho que logro
aguantar tanto!
Nos fuimos a Viña. Arrendamos un
departamento pequeño, mientras vendía la casa del fundo de la que nadie en la
familia quiso hacerse cargo. Con el producto de la venta, compré un
departamento grande, precioso, en el cual vivimos hasta el día de hoy.
Como me sentía bien, comencé a
trabajar en el DUOC. Primero dos cursos semestrales. Luego, cuatro. Y un año
después, casi media jornada de clases. Me sentía bien y mantenía una muy buena
relación con los alumnos. Definitivamente la Mater me había ayudado para que
transmitiera experiencia y valores que ayudaran a las generaciones más jóvenes
que tanto lo necesitan. En febrero del año 2015 preparaba clases con agenda
completa. Después de tantos años esperaba volver a mi vida normal. Sentía que lo
había logrado y podía entregar esas experiencias de vida como ser humano y como
empresario, con mis éxitos y fracasos (para mostrar a otros cómo la vida me ha
enseñado y me ha ayudado a cambiar). Once cursos de cinco carreras diferentes,
cuatrocientos alumnos a quienes transmitirles mi conocimiento. Llevaba dos
semanas de clases y me tocaba el control médico semestral (el último antes del
alta). Me sentía bien y lleno de energía. Al entrar a la consulta y ver la cara
del doctor, supe que algo no andaba bien. Siempre después del examen físico y
de las pruebas de laboratorio, me decía: “vístete, vamos súper bien”. Esta vez
el “vístase” a secas me indicó que algo malo pasaba.
Me senté frente al doctor, junto a
Olivia. Nos miró y dijo: “en el escáner aparece un tumor en la pelvis y
ganglios y bazo inflamados. Ya conversé con el cirujano y te está esperando
para programar la cirugía y biopsiar. Creo que es linfoma nuevamente en la
pelvis, pero hay que confirmar”.
Como se dice en el campo: fui por
lana y salí trasquilado. Salimos con Olivia sin decir nada. Había sido un golpe
bajo y las esperanzas comenzaron a flaquear. Se decidió operar de inmediato.
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