sábado, 24 de diciembre de 2016

aun no terminamos la lucha, pero seguimos adelante

Descripción: Macintosh HD:Users:chinito:Desktop:fotos libro:casa olmue 3.jpgLuego del alta, me fui a Olmué. Mis energías eran escasas y cualquier esfuerzo me agotaba, pero estaba decidido a salir adelante. Uno de los mayores estímulos fueron las visitas que recibí en esos días. Primero, mis antiguos trabajadores y los presidentes de sindicatos. Iban a despedirse y a agradecerme lo aprendido en “mi escuela”, porque sentían que les iba a servir en el futuro. Luego, mis ex compañeros de colegio de la generación del 62. Eran treinta y cinco, con sus esposas y parejas. Con algunos ni siquiera nos reconocimos después de tantos años. ¡Qué bien lo pasamos recordando los paseos al fundo y las atenciones de mi mamá! Entre las anécdotas que salieron a la luz, no faltó el que nos recordara que esos recuerdos debían mantenerse en secreto.

casa de olmue, ojos buenos
No podía faltar la visita de mis amigos rotarios con quienes se armó una reunión alrededor de pizzas y buen vino que generaron un ambiente de conversación que se prolongó por horas. Qué más podía desear, si a lo anterior se sumaba que cada semana me visitaban familiares y los amigos más cercanos. Fantaseaba que vivía mi funeral en vida. Cuánto cariño, cuánta preocupación. Una sensación gratificante de no haber pasado en vano por este mundo. Mis ex alumnos también estuvieron presentes a través de correos electrónicos llenos de afecto y buenos deseos. Me sentí agradecido de haber podido entregar mi experiencia y visión de la vida a tantos. Era un nuevo regalo que la vida me entregaba.
Nos quedamos en Olmué durante casi tres años, en los cuales no hice docencia. Fue duro para Olivia, ya que permanecía encerrada en el fundo y lejos de su familia. Pero ella sabía enfrentar la situación. Le prometí que apenas me mejorara, nos íbamos a vivir a Viña. Al cabo de un año volví a sentir molestias. Tenía un dolor en el costado derecho. Las molestias siguieron y como mi médico tratante estaba de viaje, acudí a un especialista en inmunoterapia. Me examinó y me dejó hospitalizado para hacerme una colonoscopía urgente. Había un tumor en el colon y debía operarme de inmediato. Me despedí de la Olivia sin saber si la volvería a ver. Mis últimas palabras para ella fueron: “si abro los ojos es que estoy bien, sino, acuérdate siempre que te amo mucho”. Al despertar me esperaba una sorpresa: me había fallado el corazón y tenía un marcapasos ambulatorio que debía cambiar por uno permanente. Afortunadamente habían extirpado el tumor por vía laparoscópica y no había habido necesidad de dejar una colostomía. Para sorpresa del doctor, me recuperé muy rápido. ¡No sé de qué estoy hecho que logro aguantar tanto!
Nos fuimos a Viña. Arrendamos un departamento pequeño, mientras vendía la casa del fundo de la que nadie en la familia quiso hacerse cargo. Con el producto de la venta, compré un departamento grande, precioso, en el cual vivimos hasta el día de hoy.
Como me sentía bien, comencé a trabajar en el DUOC. Primero dos cursos semestrales. Luego, cuatro. Y un año después, casi media jornada de clases. Me sentía bien y mantenía una muy buena relación con los alumnos. Definitivamente la Mater me había ayudado para que transmitiera experiencia y valores que ayudaran a las generaciones más jóvenes que tanto lo necesitan. En febrero del año 2015 preparaba clases con agenda completa. Después de tantos años esperaba volver a mi vida normal. Sentía que lo había logrado y podía entregar esas experiencias de vida como ser humano y como empresario, con mis éxitos y fracasos (para mostrar a otros cómo la vida me ha enseñado y me ha ayudado a cambiar). Once cursos de cinco carreras diferentes, cuatrocientos alumnos a quienes transmitirles mi conocimiento. Llevaba dos semanas de clases y me tocaba el control médico semestral (el último antes del alta). Me sentía bien y lleno de energía. Al entrar a la consulta y ver la cara del doctor, supe que algo no andaba bien. Siempre después del examen físico y de las pruebas de laboratorio, me decía: “vístete, vamos súper bien”. Esta vez el “vístase” a secas me indicó que algo malo pasaba.
Me senté frente al doctor, junto a Olivia. Nos miró y dijo: “en el escáner aparece un tumor en la pelvis y ganglios y bazo inflamados. Ya conversé con el cirujano y te está esperando para programar la cirugía y biopsiar. Creo que es linfoma nuevamente en la pelvis, pero hay que confirmar”.

Como se dice en el campo: fui por lana y salí trasquilado. Salimos con Olivia sin decir nada. Había sido un golpe bajo y las esperanzas comenzaron a flaquear. Se decidió operar de inmediato.

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